Sin Título
La trágica melodía del adiós va dando paso a notas menos lúgubres, y en la intención de un nuevo centro yace el mejor de los regalos, lo iridiscente de tu presencia, con la mente figurada en memorias, en tristes y abrumadoras horas.
Latente cual vino espeso, en las horas disuelve su agonía, los gritos van empacados, encerrados sólo esperando. La liberación ha llegado, las cadenas se han engrasado en sus propias ilusiones, y los cinco misterios de tu voz abren mi oxidada latencia.
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