Martes de limón
Existen muy pocas veces en que el ser humano se siente conforme. Que si su posición laboral, que si su aspecto físico, que si su estatus social, bla! Hoy me encontraba en la plaza de la Catedral tomándome un tiempo libre y tuve la oportunidad de conocer a un piedrero. Y conversando de los mas variados temas salió a relucir el tema de la personalidad completa, la impedancia entre la sociedad y la mente inconforme. No solo de su vida me habló el piedrero, sino de todos los momentos en que las decisiones de sus relativos afectaron en una u otra forma su actual situación, y parecían llenas de amor sus palabras, lograban conceder al espacio de su tiempo un segundo de conformidad y de paciencia. Una sola vez probó las drogas, y nunca en su vida logró meterse un pase, o tirarse un bate, solo siguió procesando la información desde otro punto de vista. Intercambió el estilo conforme por un sentido radicalmente extremista. Y ahí entrabamos en la decisión de restaurar por solo un tiempo la cordura, y entretenernos con los más deliciosos artilugios de su mentalidad atrevida.
Ya han pasado algunas horas desde ese encuentro, pero aún están muy claras en mi las ideas de aquel bienaventurado hombre, que supo lograr con sus pensamientos un éxtasis de entendimiento, un deslumbre que no nos dan los estudios ni los sistemas, una anarquía que solo se logró con perspicacia y ánimos de vencer todo.
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