El misántropo

Fueron los sucesos a lo largo de su vida los que marcaron su historia, momentos que lo invalidaron de por vida, y que lo hicieron un triste lago dentro de un valle solitario. Allá por sus edades mas tempranas contemplaba a sus superiores, dignos y magníficos, llenos de historias que lo dejaban con un semblante de ironía y de despecho hacia el mundo. Esos mismos fueron sus jueces alguna vez, y sobre los mismos capítulos que le inventaban hicieron una historia a su parecer. Una historia que no tenía nada en común con la realidad, solo las sombras del rencor y la naturaleza cegadora. Y así tomó su adolescencia un rumbo inusitado, sin un guía espiritual ni una enseñanza aprobatoria, solo intentó seguir su instinto radical y anárquico, ese mismo instinto que lo llevó a triunfar en la vida, y a olvidar un preciado tesoro que lo había de esperar en su lecho de muerte. Tres juicios condenaron su enajenamiento, diez impulsos detonantes llenos de farsa y falacia, y en un segundo su vida quedó reducida a barrotes y cinco paredes. De ahí comenzó la lucha que lo haría descubrir su propia aventura, la del propio conocimiento, la del autoestima condenado a su propio juicio. Descubrió también el amor a su persona, ese que lo esperaba varios metros bajo tierra unos años después, fielmente arraigado a la filosofía de ser un misántropo.

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