Morticia
El heraldo se rehusa a proclamar el obituario. Y escrito en la profundidad de tus ojos negros, el destino anuncia su llegada. Implacable acierto.
Cada gramo de tu cuerpo actúa con perseverante esfuerzo, provoca antojos, se luce en su gracia, e inunda el silencioso y vano esfuerzo.
Te observo desde lejos mientras de cerca ostento el no creerte, el no perecer entre tus dientes. Suelto letras sin sentido que no logro escuchar, en el fondo sólo somos tu y yo, y las notas sueltas de un elegante pianoforte.
El aroma de tus dedos y el proceder de tus extremos, la potente fortaleza de tus más obstinados deseos. Todo se detiene en un pequeño espasmo, y perderme en ti no es un arduo esfuerzo.
Nos abrazamos en este limbo a la deriva, sin pretenciones ni ostentaciones, divagando sin sentimientos, neutros, vacilantes cual tentanción enferma. Participantes del juego del descaro, intermitentes cual letargo, pensantes paralelos.
No comments:
Post a Comment