El Encuentro
El martirio de esperar un evento cuando se ha soñado, cuando se ha presentado como obra del subconsciente una escena que no esperas, un final producto de un comienzo, un desvanecer de los sentimientos, el vencimiento de las razones y la aceptación de las conclusiones.
Pero no sólo los sueños traen premuniciones, también lo hace el pasado, la intromisión de nuestras experiencias, el recuento de las ilusiones no completadas, el tortuoso karma. El pasado inspira más pasado, y es que gusta, entretiene y marca.
En la espesa niebla tu silueta avanza, casi flotando, sobre un espejismo difícil de creer, uno que calma, droga y jamás llena, un paleativo a la resistencia. En ocasiones volteas la mirada, señalas con la punta de un dedo al horizonte, al infinito, a la nada. Partes con la distancia a cuestas, empecinada en polvos y malestares que no aciertan.
Sentados frente a frente, tu en un sillón de felpa, yo sumido en tus pupilas, observando el futuro desde un ventanal muy alto, con luces naturales muy tenues. La preocupación ya ha pasado, el encuentro ha puesto el clavo que marca el reestreno, el camino paralelo.
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