La Musa

Huele al tiempo que frasea en las praderas, al instante en que los insectos apagaron su música, al siniestro circunloquio de una despedida. Y es fácil perderse en el silencio, y buscar internarse más en una aventura sin destino, de esas que solo permiten dar silbidos en los parques ocultos y resecan los labios cuando intentamos izar las velas del olvido. Una vela incendiada por espasmos, rojos y tersos ventrículos de inocencia acostados sobre el agua, ven el destino en el horizonte nublado de vegetación y se alegran, no es una melancolía de esas clásicas, al estilo romántico de los soñadores; es dejarse llevar por sabores extraños, por conciencias abrumadas, y sobre todo por sus pasos. No solo basta con llevar una cruz a cuestas, también falta el valor para mostrarla.

3 comments:

Celeste said...

Cuando ella se convierte en una cruz no queda más que aceptarla. Lo que aún no he podido comprender, en mi caso, es quien carga a quién. A veces siento que soy, en extremo, pesada para ella. Pero ¡cuánto la quiero!

Beso celeste.

- JJ said...

Y me colmo de silencios!
Un abrazo!

Recomenzar said...

Escribís intenso me encanta Bueno el tango soy argentina y norteamericana. Soy dos en una mujer
besos