El Dictador


La revelación se presentó en un sueño. Un vehículo poco común, mitad auto de arena mitad moto de agua, vació sus direcciones sobre el pantano escondido tras el huerto, y una tenue nube de combustible carbonizado tiñó el aire mientras veía a la civilización alejar. La recepción fue desplegada por simios alegóricos, que gritaban tal vez por su impresión de ver nuevos seres o tal vez por el simple hecho de acentuar aquel ambiente terrorífico que ya se avistaba; un tango de notas deprimentes se me antojaba demasiado abrumador, y el árbol de amplias ramas entrelazadas que contaban historias de un milenio, parecía acechar nuestra llegada a tan misterioso lugar. “Aquí es donde realizaba sus ritos el dictador”, se me dijo, y asentí con el temor de quien prefiere no haber sabido esos detalles, pero mi sorpresa fue mayor al encontrar rostros pintados en las paredes, señales de torturas, de llantos y de desesperaciones; “y es que a él no le importaba la información que pudiera obtener de ti, simplemente disfrutaba el verte hundido en sangre, gritando por piedad y agonizando, y eso no era todo, en ese momento era donde apenas empezaba el calvario”. Me resultaba increíble que un lugar de estas proporciones existiera sin haber sido visto antes, era en la oscuridad donde el dictador se daba sus lujos sádicos, y en esa parte de la geografía aun no se llegaba a conocer muchos de sus secretos. El moho verde, el óxido en las rejillas, las aguas hediondas a sangre descompuesta y las puertas aun sin abrir, atestiguaban lo que mis ojos se negaban a creer, pero fue aun mayor mi impresión al ver mi nombre escrito en aquella entrada oval, que tal vez figuraba como la entrada al Averno moderno, o como el purgatorio en el que hubieras preferido jamás pagar perdones. Era claro, mi nombre acompañado de otros figuraba bajo el titulo inscrito: “próximos”. Preferí esconderlo a mi guía, no interesarlo por mis temores, no inmiscuirlo en mi pasado, pero el miedo me recorre a diario, aun ahora cuando escribo estas letras tiemblo y aquí sentado en este cuarto diminuto, bajo la luz de esta vela tenue, recito mis últimas letras.

4 comments:

- JJ said...

Amigo!
Qué buen regreso!
Me ha encantado!
Aún siento el temblor de esas últimas letras escritas con temor.
Me llevaste a tu película.
Un abrazo!

Nosotras mismas said...

Pasaba a saludar.

Un abrazo

Recomenzar said...

Me ha gustado tu estilo realmente bueno.Besos

INTERNAUTA CASUAL said...

FELIZ NAVIDAD!