Amables Intenciones
Eva reconoce cuando alguien le dice la verdad. No es la clásica mujer que interpreta los sentidos, ni camina agarrada de la mano con ilusiones. Solo vive. Tuvo su primer día de libertad a los 29 años. De eso ya hace mucho tiempo. Ese día amaneció mirando el techo de su habitación, respirando y desnuda, acariciada por las sábanas de seda que le regaló su madre antes de partir. Fue por ese tiempo en que caminó de día por la calles de su ciudad, y conociói el río que no tiene fronteras visibles, ese que sonaba notas de hacerlo suyo, observó la tienda de collarines aperlados que siempre veía con neones cautivantes, aprendió algunas palabras en otro idioma y se comunicó con sus instintos. Lo agradece de infinitas formas, haber tenido ese día la convirtió en esclava de un recuerdo, le palpitan las intenciones de hacerse madre, de enredarse en travesías y de fotografiar espaldas. Es su magia su desdicha, es feliz a instantes y en otros blasfema, cree difícil hacerse de una felicidad infundada, pero sus esperanzas son reales. Su sonrisa delata su inocencia, elabora sentencias que en instantes son irrelevantes, pero que a las horas empiezan a multiplicarse. Volverá aquel día alguna vez, y con seguridad volverá por los mismos caminos, etiquetando sus recuerdos y añejándolos como vino. Eva solo pide un segundo con sentido, un momento sin estrabismo.
1 comment:
Vaya!
Ella no dice nada sólo sonríe.
Por un segundo con sentido un momento sin estrabismo.
Qué escrito!
Por momentos me lleva a esa cotidianidad de muchas Eva que no opinan, acumulan días y creen que viven.
Puede que también sean esos instantes únicos que se graban para siempre y se sueñan toda la vida.
O
Puede ser esa Eva la chica que nunca saldrá de su escondrijo profundo, la que nunca sabrá mirar al mundo aunque lo recorra de mil maneras.
Fascinada le doy vueltas y vueltas.
Y esa Eva se desnuda ante mis ojos y siento que se mira ante un espejo.
Vuelvo a decir que me encanta que hayas vuelto a escribir.
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