La Cueva Del Deseo

El pobre romántico no tiene muchas opciones, tal vez escribir canciones, o ensartar letras sobre un papel, hacerse el Bond con una rosa, y algunas veces, pero solo algunas, incentivar al alma y a la razón con una historia, o al menos un intento de melodrama moderno. Rodrigo es un hombre pasado en años, autorizado por la vida para vivir varias vidas, varias caras, muchos sentimientos y pocos corazones; demasiado intenso con sus actos, extrovertido y lleno de defectos. Verónica es una mujer fresca de años, independiente y adicta a las pasiones, curiosa con demasía, fugazmente inocente, pacífica, soñadora, y atractivamente seductora. Sus destinos se unieron un dia cualquiera, de esos en que nada logra animar las costumbres de la vida, pero de lluvia, intenso en sabores y aromas; un día fanático de estrellas, y que aunque no las tuvo tampoco le hicieron falta. Las negras carreteras se encargaron de entonar el preámbulo de una noche exótica, y la niebla enmarcaba el ambiente perfecto para inspirar algunas miradas y soñar con algunos besos. Un rumbo que algunos llamarían siniestro tocó la creatividad de aquellos seres, tal vez imaginando aquel lugar en el que podían ser sinceros y libres al menos en cuerpo, y sugestivamente en alma; era un destino crudo, inundado de la naturaleza que los acompañó todo el camino, recitando en sus oídos canciones vehementes, versos que fueron acentuados con la llegada del bartender, insinuando con dos copas llenas de espíritu, que la noche les regalaba un ambiente peculiar para el sigilo, y especial para la conquista. Sus sueños hicieron aparición aquella noche. Se les suscitaron como insignias en los corazones, y al sonar de algunos riachuelos, y con la efervescencia provocada por los desinhibidores, enlazaron sus cuerpos en abrazos incontenibles, con las maderas provocando cálidos medios y los perfumes invitando a una noche extensa y sensualmente sugestiva. Las llamaradas invocaron piropos, chistes, frases con sentido y con carencia de este, oraciones sinceras, y una invitación a profesar la unión de los cuerpos. Qué extraña coincidencia los introdujo en aquella cueva? nadie lo sabe, se lo han preguntado al destino muchas veces, él no responde, tal vez quiera ser modesto en sus acciones, tal vez quiere ser tan obvio que no se permite dar respuestas. Un espacio tal vez no sea romántico a los ojos de los deseosos, sin embargo la pasión que provocaba aquel conjunto de rocas entrelazadas, era mágico. Los espacios iluminados con sombras tenues, las melodías con notas graves que endulzaban al cuerpo, aquellos cubículos con cojines de marcadas insinuaciones, los arándanos mezclados sobre el hielo y el vodka; eran la paráfrasis de una noche de entregas, de un bailar al unísono con los tambores, de recorrer sus cuerpos con las manos y lanzar expresiones de deseo con perfectas intenciones. Rodrigo fué Verónica. Y Verónica fué Rodrigo. Y al final fueron uno solo a sus anchas, dejaron que aquellos rituales surtieran su efecto en inventivas formas, en palabras susurradas al oído, en ritmos latinos concentrados en aquel acto de entrega, sumidos a sus fantasías fué como lograron intercambiar sus cuerpos, estrenarlos, socorrerlos, abatirlos en deseos y roces, y fundirse al final en una grandiosa explosión de sentimientos.
Quedan aún muchos vestigios de aquellos sucesos, y aunque el subconsciente fué el actor principal de aquella obra, aún ambos observan sobre el firmamento lleno de estrellas, tal vez buscando, o tal vez esperando, la próxima ocasión para un desprendimiento similar, para un éxtasis de tal magnitud, para un trance nocturno y con desenfreno, al final, para ser libres.

4 comments:

- JJ said...

Esa cueva mágica para vivir la libertad de los sentidos. Acariciar la vida desde otro ángulo. Saborear los instantes y soñar otro encuentro.
Tiene el encanto de quien puede romper cadenas, de quien traza su destino más allá de la distancia.
Me gusta tu escrito.
Te abrazo amigo.

Celeste said...

Carlo...

Una muestra más de tu sensibilidad inmensa. Una cueva entretejida por los hilos del instante donde todo se conjuga perfecta y armoniosamente, creando magia.

He pensado en eso, mucho. Pero no había podido compartirlo con nadie. Pensar que pudimos haber estado en otro lugar o en otro tiempo, en otra cosa. Pero no, estábamos ahí, en el mismo momento, en el mismo lugar, incitados por lo mismo, bajo el mismo hechizo. Es magia.

Beso celeste.

INTERNAUTA CASUAL said...

Relato encantador...
saludos amigo!

MONCHERRRY said...

Así es que al final la libertad es traducida en mágicos instantes.
Fascinante, Carlo, como la escencia misma de tu personalidad.
Besos.